Jan
18

La última entrevista con Erich Hartmann (IX)

P: ¿Cómo era la atmósfera cuando ganó las Espadas?

R: Apenas acababa de aterrizar procedente de una misión exitosa cuando me dijeron que me habían concedido las Espadas. Aquello fue en junio de 1944. Llegué el 3 de agosto para encontrarme con Hitler una vez más para la ceremonia de entrega. En total éramos diez integrantes de la Luftwaffe. Hitler no era la misma persona. Todo aquello sucedió justo después del atentado con bomba: le temblaba el brazo izquierdo y tenía que girarse para usar el oído izquierdo siempre que alguien hablaba, pues la explosión le había dejado sordo del otro. Hitler habló del cobarde intento de asesinarlo y cargó contra sus generales, con algunas excepciones. También afirmó que Dios le había salvado la vida para que él pudiera evitar la destrucción de Alemania y que haría retroceder a los aliados occidentales. Todo aquello me sorprendió mucho. Yo quería marcharme para ir a ver a mi Ushi, y así lo hice.

P: ¿En qué se diferenció aquel encuentro con Hitler de los otros dos anteriores?

R: Bueno, Dieter Hrabak y el resto hicieron una fiesta antes de que me fuera, y me emborraché tanto que al día siguiente apenas podía mantenerme en pie. Suena como si todos fuéramos alcohólicos, pero no es así. Nosotros vivíamos y jugábamos peligrosamente. Nunca sabías lo que te iba a pasar al día siguiente. Volé con mi 109 a Insterburg escoltado por la JG-52. Cuando llegué a la Wolfsschanze el mundo había cambiado. Hitler ya había empezado con los juicios y las ejecuciones de los implicados, y todo el mundo estaba bajo sospecha. Había que atravesar tres controles de seguridad y nadie podía llevar armas en el último sector. Le dije al guardia de las SS que le dijera al Führer que no quería los Diamantes si no confiaba en mí y me dejaba llevar mi pistola Walther. Aquel tipo me miró asombrado y fue a hablar con von Below, que por entonces era coronel. Below salió para decirme que estaba de acuerdo. Con mi gorra y mi pistola fui recibido por Hitler, que me dijo: “¡Ojalá tuviera más hombres como usted y como Rudel!”, y me entregó los Diamantes, junto con un recambio para las Hojas de Roble y las Espadas. Durante el almuerzo y el café Hitler me confió que “militarmente, la guerra estaba perdida”, algo que yo ya debía de saber, y que esperaba que los aliados occidentales y los soviéticos entraran en guerra. Después habló del problema con los partisanos y me preguntó por mis experiencias. Hitler me pidió mi opinión sobre la tácticas empleadas en la lucha contra los bombarderos americanos y birtánicos. Como yo apenas tenía experiencia al respecto me limité a explicar lo que pensaba que era un hecho: las órdenes de Göring de hacerles frente y los métodos que se usaban eran erróneos. También le informé del deficiente entrenamiento que recibían los pilotos, corto e inadecuado, que provocaba que aquellos hombres malgastaran sus vidas. Hitler también hablo de nuevas armas y tácticas y después nos marchamos. Fue la última vez que lo vi, el 25 de agosto de 1944. Volé de regreso a mi unidad, donde me esperaba un permiso de 10 días. También tuve una reunión con Galland, en la que discutimos acerca de los Me-262. Después regresé a casa para casarme con mi Ushi, era lo único que me importaba.

Jan
12

La última entrevista con Erich Hartmann (VIII)

P: Hablé con Krupinski sobre el tema, y también leí algo sobre el “incidente de la gorra” en la biografía que escribieron Ray Toliver y Trevor Constable. ¿Qué ocurrió?

R: No encontraba mi gorra y mi vista no estaba pasando por su mejor momento, así que cogí una gorra de una estantería y me la puse, pero me venía muy grande, supe que no era mía al instante. Below se molestó mucho, me dijo que era la de Hitler, y que la dejara en su sitio. Todo el mundo empezó a reírse, excepto Below. Yo hice un chiste sobre el tamaño de la cabeza de Hitler, diciendo que debía ser “parte de su trabajo”, lo que hizo que se rieran más.

P: ¿Qué impresión le dio Hitler?

R: Un poco decepcionante, la verdad, aunque estaba muy interesado en la guerra del frente y muy bien informado sobre nuestros asuntos. No obstante, tendía a divagar sobre asuntos que a mí me parecían muy aburridos. Me pareció un hombre interesante, pero no imponente. Además, me pareció que sus conocimientos sobre la guerra aérea en el frente oriental dejaban que desear. Le preocupaba más la guerra aérea del frente occidental y el bombardeo de las ciudades. Obviamente, la guerra del ejército de tierra en el frente oriental era de su máximo interés, era algo evidente. Hitler escuchaba a los hombres procedentes del frente occidental y les aseguraba que la producción de aviones y armamento estaba aumentando, y la Historia le ha acabaría dando la razón en este aspecto. Después pasaba a la guerra submarina y decía que íbamos a destruir el comercio marítimo definitivamente y todo eso. Me dio la impresión de ser un hombre aislado y atormentado.

P: ¿Qué impresión se tenía de la guerra en su unidad en aquel momento?

R: No recuerdo que nadie hablara sobre la derrota, pero sí que hablábamos de grandes pilotos que habían caído o de las noticias de los Mustangs norteamericanos se estaban adentrando en Alemania y aún más lejos. Pocos tenían experiencia con los americanos, aunque muchos veteranos habían luchado contra los británicos. Aquellos que se habían enfrentado a los americanos lo habían hecho en el norte de África y sus puntos de vista eran muy interesantes.

Jan
05

La última entrevista con Erich Hartmann (VII)

P: Quizá una de las leyendas más importantes sobre su vida sea la ocasió en que conoció a Ushi, y la relación que se afianzó con el paso de los años. Describa ese primer encuentro.

R: Estábamos en el mismo colegio y por fin junté valor para hablar con ella. Me encontré con ella y una amiga, detuve mi bicicleta y me presenté. Yo sabía que ella era la mujer de mi vida, aunque yo sólo tenía 17 años y ella dos menos. A nuestros padres no les entusiasmó la idea, de eso puede estar seguro, pero consintieron la relación.

P: Usted tenía competencia, ¿no es verdad?

R: Sí, pero era un problema que resolví pronto. Ushi y yo estábamos destinados a estar juntos, era nuestro sino. Además ella tuvo que esperar mucho tiempo, incluso tras el fin de la guerra. Nos casamos en 1944, pero nunca dispusimos de mucho tiempo para estar juntos. [En realidad Erich le advirtió a un muchacho mucho mayor que se alejara de ella, y cuando Ushi le dijo que él la estaba molestando, Erich le pegó una buena tunda, poniendo fin al problema]. Nos casamos después de que me concedieran los Diamantes, y Gerd (Barkhorn) hizo las veces de padrino, con Batz y Krupi como testigos. No nos pudimos casar en una iglesia por motivos logísticos, la ceremonia tuvo que esperar hasta 1956.

P: Cuénteme cómo recibió las Hojas de Roble de manos de Hitler.

R: Fue un momento extraño. En primer lugar, casi todos estábamos borrachos. Gerd Barkhorn, Wlter Krupinski, Johannes Wiese y yo fuimos llamados a Berchtesgaden. Todos, menos Gerd, íbamos a recibir las Hojas de Robles. A él le iban a dar las espadas. En aquel momento intentábamos que nuestro estado no saltara a la vista y mostrarnos sobrios. Walter afirmó años después que habíamos tenido que sostenernos los unos a los otros. Habíamos estado bebiendo cognac y champagne, una combinación fatal si no has comido nada en un par de días. La primera persona que nos encontramos en el tren fue al ayudante del Führer, el Major von Below, que entró en estado de shock por nuestro estado. Íbamos a reunirnos con Hitler en un par de horas y apenas podíamos tenernos en pie. Aquello sucedió en marzo de 1944, y había mucha nieve a esa altitud.

Dec
03

La última entrevista con Erich Hartmann (VI)

P: Describa lo que pasó cuando fue capturado.

R: Los rusos estaban atacando en nuestro sector y Hrabak nos dio órdenes. Aquello fue en agosto de 1943 y nuestra misión era proteger los Stukas de Hans-Ulrich Rudel en un contraataque. Pero entonces las cosas cambiaron. La Fuerza Aérea Roja estaba bombardeando posiciones alemanas en tierra, de modo que mi grupo de ocho cazas localizó y atacó al enemigo, alrededor de cuarenta Laggs y Yaks con otros cuarenta Sturmovik. Yo derribé dos de ellos antes de que algo golpeara mi avión, obligándome a hacer un aterrizaje forzoso. Así fui capturado por soldados soviéticos, aunque me fingí herido mientras se aproximaban al aparato. Ello me creyeron, me llevaron a su cuartel general, para que mee examinara su médico, que también me creyó. Me tumbaron en una camilla en la parte trasera del camión (que era alemán). Cuando los Stukas atacaron, me abalancé sobre el centinela del camión, que se cayó, dejándome vía libre para escapar. En cuanto lo hice escuché cómo el camión se paraba. En cuanto escuché pararse al vehículo, entendí que tenía que seguir moviéndome, así que me interné en un campo de girasoles muy altos, donde intenté esconderme mientras corría. Al mismo tiempo mis perseguidores me disparaban sin descanso. Encontré un pequeño pueblo que estaba ocupado por los rusos, así que decidí regresar a la zona de la que procedía para esperar a que anocheciese. [Al mismo tiempo, Mertens, preocupado al ver que su amigo no había vuelto, se marchó en su busca con un rifle y agua]. Llegué a una zona seguro y eché un sueñecito. Cuando más tarde me desperté, reemprendí la marcha hacia el oeste. Divisé una patrulla de aviones rusos, unos 10, y decidí seguirlos. La patrulla desapareció detrás una pequeña colina y después pude escuchar disparos. Sabía que allí estaban las líneas alemanas, puesto que los aviones regresaron por encima de mí. Entonces fui al otro lado, donde un centinela alemán me dio el lato y me disparó, pasando la bala a través de la pernera de mi pantalón. Yo me enfadé, pero aquel hombre estaba muy asustado. Me dieron la bienvenida a su posición, me interrogaron y me pidieron que me preparase para el combate: otro grupo de rusos, obviamente borrachos, caminaron hasta nuestras trincheras y el teniente dio la orden de disparar cuando estaban a veinte metros de distancia. Todos murieron. Más tarde me contaron que un grupo de rusos habían entrado en su perímetro hablando alemán fluido, asegurando ser prisioneros de guerra que se habían escapado y cuando entraron sacaron sus armas y mataron a algunos hombres. Aquello explicaba sus reticencias hacia mí, pues carecía de identificación alguna: me lo habían quitado todo al capturarme.

P: ¿Qué pasó con Mertens? ¿Cómo regresó a su unidad?

R: El comandante de infantería contactó con Hrabak que confirmó mi historia. Me mandaron de vuelta en coche. Poco después me encontré con Krupi, que acababa de salir del hospital; también me informaron de los que Bimmel había hecho, algo que me molestó mucho. Al día siguiente, Bimmel regresó y organizamos una «fiesta de cumpleaños».

P: ¿Qué era una «fiesta de cumpleaños»?

R: Una fiesta en honor de un piloto que había sobrevivido a una situación que normalmente debería haberlo matado.

Nov
25

El uniforme de Erich Hartmann

El “as de ases”: “Bubi” Hartmann, Hungría, invierno de 1944-1945.


El 30 de septiembre de 1944, el recién ascendido Hauptmann (capitán) Erich Hartmann abandonó el mando de la 9. Staffel (escuadrilla) en el III Gruppe, Jagdgeschwader 52, y se hizo cargo de la recién formada 4/JG 52 en el II Gruppe. Mientras los otros dos Gruppen de esta Geschwader fueron trasladados rápidamente al norte de Prusia Oriental, el II Gruppe del Major Gerhard Barkhorn se enfrentó a la Voyenno-Vozdushnye Sily (la Fuerza Aérea de la Unión Soviética) en los cielos de Hungría, con base en Budaörs. Uno de los aviones que Erich Hartmann pilotó en esa época aparece en esta lámina: un Messerschmitt Bf 109G-6, modelo tardío con una cabina dotada de una cubierta exterior que permitía una amplia visión al piloto, aunque todavía no incorpora la aleta de cola más alta. El número “1” blanco y la barra indican el estatus de Staffelkapitän de la primera Staffel en el II Gruppe. No hay insignia de la Geschwader, sólo la marca personal de Hartmann con un “tulipán negro” alrededor del morro del aparato. Cuando Erich Hartmann abandonó el 9/JG 52 tuvo que dejar su insignia de escuadrilla (Staffel) “Karaya/ corazón atravesado” pero él simplemente conservó el corazón, marcado con el apodo de su prometida Ursula Paetsch “Usch” en letras góticas (detalle del medio) El marcaje más famoso de su 9/JG 52 aparece debajo: “Ursel” era un apodo alternativo para su prometida.

Erich Hartmann fue fotografiado a menudo. Su extravagante gorra de servicio aplastada llegó a ser una marca personal del piloto alemán. En la imagen, una camisa de color azul-grisáceo deja ver su Cruz de Cabalero con Hojas de Roble, Espadas y Brillantes que recibió al conseguir su victoria número 300 el 24 de agosto de 1944. Con frecuencia, los pilotos adquirían pos su cuenta las chaquetas de vuelo; muchas fotografía muestran a Hartmann llevando este modelo de cuero negro. Otras fotografías de la época muestran al piloto con una chaqueta reglamentaria K So/41 en un tono azul-grisáceo, con parches de rango blancas sobre fondo azul oscuro en ambas mangas, junto con pantalón de montar y botas de vuelo forradas de piel de cordero, cinturón de servicio, brújula y una funda con una pistola Walther PPK.

Fuente del texto y las imagen: Knight’s Cross with Diamonds Recipients 1941-45, de Gordon Williamson, editado por la editorial Osprey. El ilustrador es Ramiro Bujeiro. Traducción del autor.

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